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Es como cuando nos dicen: “No mires ahí”. Los ojos lo primero que hacen es irse precisamente a eso que no podemos mirar.

Se debe a la llamada curiosidad innata que todo el mundo lleva en su interior.

Cuanto más nos dicen que no hagamos esto o lo otro, más ganas tenemos de hacerlo.

Con los niños ocurre algo similar. Si les decimos constantemente «No» a todo, lo que conseguimos es que hagan lo que no queremos que hagan.

El otro día en el parque observé largo rato a una señora mayor (deduzco que era abuela) con su nieto: “No cojas esa pala”, “no te subas ahí”, “no molestes a ese niño”, “no le quites su coche”

Os podéis imaginar el niño perseguido por su abuela sin poder jugar ni hacer nada en el parque que no fuera estar mirando a mis niños del nido jugar. Y, además, constantemente diciéndole que se estaba portando mal.

No juzgo a los abuelos o abuelas, pues creo que bastante hacen los pobres con andar con mil ojos sobre sus nietos, de quienes se responsabilizan en las jornadas laborales interminables de sus padres.

Pero para cuidar niños, hay que hacerlo bien, sin entorpecer su desarrollo. Y saber en qué momento evolutivo se encuentran para atender sus necesidades. Y saber actuar con ellos para resolver conflictos. Y NO. No todo el mundo sabe. Ni todo el mundo vale. Igual que hay que estudiar para ser ingeniero o médico, también hay que hacerlo para tratar con la infancia.

Madres de día, cada vez más necesarias

Y ahí reside el poder de las madres de día. Ofrecemos lo mejor del ámbito familiar: el calor de un hogar y lo mejor de la escuela, la profesionalidad de quien cuida.

Y si de algo me he dado cuenta estos últimos años es de lo necesarias que somos. Más que nunca. Por eso, sigo animando a profesionales de la educación, que no encuentran su sitio en el ámbito de la educación formal, a dedicarse a esta bonita profesión tan necesaria para las familias que nos demandan.

Mis plazas para este curso y el que viene están prácticamente completas desde hace tiempo. Y la tendencia va a que aumente la demanda.

Quienes nos conocen, se quedan en nuestros proyectos, curso tras curso.

Cambiar el NO por un mensaje en positivo

Por cierto, hay forma de convertir los noes en mensajes positivos que se centren en la consecuencia.

Así, por ejemplo, si en vez de decir: «No le quites la pala a ese niño», decimos: «Si le quitas la pala a ese niño, conseguirás que no quiera jugar contigo», será mucho más efectivo.

Al fin y al cabo, si constantemente decimos «No» a todo, la palabra pierde su valor.

Y necesitamos que sea una palabra válida (y mucho) en situaciones que entrañen un peligro real.

Si vamos por la calle y el niño se echa a correr hacia la carretera, ahí sí es importante decir «No».

¡Ah! Y el otro día, una señora mayor se acercó a mí al verme con mis niños del nido y me dijo: «Gracias, porque las abuelas ya no estamos para esta carga».

Y realmente, tenía razón.

Si has llegado hasta el final de este artículo, a pesar de que te pedí que no lo leyeras y obviamente no me has hecho caso (jeje) quizás estés interesada en la profesión de madre de día.

Cualquier cosa que quieras consultar o saber, aquí estoy para ayudarte. Escríbeme a info@comosermadrededia.com que sí pienso abrirlo y leerlo.

Y si necesitas más información, aquí te dejo el enlace a mi curso online, que ya ha hecho realidad muchos proyectos y, sin duda, feliz a nuevas familias y niños.

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Arancha Cuéllar

Periodista, educadora infantil y madre de día en La Casita de Pez Austral. Firme defensora del acompañamiento respetuoso a la primera infancia.

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