«Carta a mi mamá, una madre de día»

Carta

A mi hija mayor, que ahora tiene 11 años, le encanta escribir. Y lo hace con bastante frecuencia. Escribe muchísimas historias bonitas e ilustradas, la mayoría sacadas de su imaginación. Pero hoy me ha sorprendido con una «carta» en la que habla de mí como su mamá o «mami» y, al mismo tiempo, como la madre de día de otros peques.

La he encontrado escrita en mi mesa de trabajo.

Me ha parecido tan bonita, que no he podido evitar pedirle permiso para publicarla en mi blog.

«¿En serio, mamá?», jaja. Sí, tal cual. Ha sonreído y me lo he tomado como un «sí».

A continuación, os la comparto.

«Carta a mi mamá, una madre de día»

«A mami, la mujer maravillosa que nos dio la vida a mi hermana y a mí:

Antes de ser madre de día, eras periodista. Recuerdo que cuando era pequeña, me llevabas en bici todos los días al cole, y después te ibas al trabajo y no volvías hasta las ocho de la tarde, más o menos. Trabajabas mucho y a veces también tenías que viajar. Yo sé que tu trabajo no te emocionaba del todo. Y sé que a veces llorabas. Yo te veía.

Hasta que hiciste algo que cambió nuestras vidas. Sí, la de todos en casa. Empezaste a estudiar educación infantil, y nos contaste que lo hacías porque querías dedicarte a otra cosa. Querías dejar tu trabajo como periodista y ser madre de día.

¿Madre de día? No te entendíamos mucho, pero por lo que nos explicaste, sabíamos que lo hacías para cuidar a los demás y también poder pasar más tiempo con nosotras.

Y después de mucho esfuerzo y volver a estudiar, te ayudamos a montar tu proyecto de la casita y empezaste a trabajar en casa con niños y niñas más pequeñitos que nosotras. Te ayudamos a dibujar el logo, ¿te acuerdas?

En aquellos tiempos, yo debía tener 7 años, y te confieso que no me gustaba mucho la idea de que hubiera otros niños y niñas en casa. Pero ahora que tengo 11 años, me parece una cosa maravillosa poder verlos crecer y jugar con ellos.

Y ver que sus familias confían en ti, mami.

Y verte a ti feliz.

Después te dio por grabar un curso para ayudar a otras personas a ser madre de día.

Repetías los vídeos una y otra vez, y tenías un montón de cosas para grabar, como mini focos de luz, trípodes, y hasta un palo ‘selfie’ que no has usado jamás.

Me acuerdo de que cuando subiste el curso, estábamos de vacaciones en Galicia con los primos, y que estabas triste porque nadie te lo había comprado. Nos daba mucha pena por ti porque sabíamos que habías puesto mucho empeño y trabajo.

También recuerdo perfectamente, esa noche de verano cuando conseguiste a tu primera alumna. Estabas súper emocionada, y mi hermana y yo dábamos saltos de ilusión en la cama. Todos estábamos felices por ti, mamá.

Y ahora, que ya has avanzado muchísimo en tu profesión, y siempre sabes de lo que hablas, y cuidas a muchos más niños que al principio, debo decirte que te admiro, mami.

Porque tienes influencia positiva sobre muchas personas.

Porque muchas familias confían en ti, al igual que nosotras.

Pero, sobre todo, porque consigues que muchas personas cumplan sus sueños, igual que hiciste realidad los míos”.

 

¿Qué puedo deciros? Que se me han saltado las lágrimas. Porque es verdad que continuamente una se cuestiona si está haciendo lo correcto. Ahora no me pienso cuestionar nada. Sé seguro que el camino emprendido es el correcto.

Contesto a mis hijas, ya que aunque la carta la haya escrito la mayor, las preciosas palabras que me ha dedicado, sé que son cosa de ambas.

Carta

«A mis hijas, el motor de mi vida»

«Gracias, hijas. 

Gracias porque creo que todos venimos al mundo con una misión y que solo está en nosotras el tratar de que florezca y potenciarla. 

Y porque cuando me preguntáis emocionadas que qué quiero que seáis de mayores, yo insisto en haceros ver lo siguiente:

«No. No se trata de lo que yo quiera. Se trata de lo que vosotras queráis ser».

Y sabréis que habréis hecho lo correcto cuando lo que hagáis os haga verdaderamente felices y os haga crecer como personitas.

Y a vuestro ritmo. Ahora tenéis 10 y 11 años y no hace falta pensar en lo que seréis de mayores, porque el presente es aquí y ahora y lo que toca es exprimirlo, vivirlo y disfrutarlo. 

Lo más importante en esta vida es saber escucharos por dentro para ser mejores personas por fuera. Y no. No me vais a decepcionar si no sacáis notas perfectas en matemáticas, historia o lengua.

Me importa mucho más que seáis buenas personas con valores y aprendáis a empatizar con los demás. 

Y quiero daros las gracias a las dos, y también a papá, porque sé que no es fácil compartirme tanto. Y sé que a veces surgen celos. Y sé que no siempre os gusta que los peques de la casita invadan vuestro espacio.

Pero también sé que sois generosas conmigo y que al final somos un gran equipo. Y creedme. Los niños y niñas del nido os adoran. Y vosotras lo hacéis fácil. Os quiero»

 

Tengo dos hijas que son el motor de mi vida, junto a mi compañero de vida, a quien llevo 25 años unida. Sin el apoyo de toda mi familia, nunca habría podido hacer realidad mi proyecto.

Tras leer las palabras de mi niña que me llenan de vida, ahora sé que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

Y que sin mi familia, nada sería posible.

GRACIAS

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Arancha Cuéllar

Periodista, educadora infantil y madre de día en La Casita de Pez Austral. Firme defensora del acompañamiento respetuoso a la primera infancia.

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