La Casita de Pez Austral, así nació mi proyecto de madre de día

La Casita de Pez Austral

La historia de La Casita de Pez Austral se remonta a las navidades de 2016. Ha llovido desde entonces, ¿verdad? Yo estaba a punto de cumplir los 40, tenía un trabajo absorbente con el que estaba quemadísima y cero posibilidad de conciliar con mi familia.

Sentía que mi vocación había despertado de su letargo años atrás. Lo sabía desde que nació mi hija mayor, que ahora tiene 11 años. Había escuchado hablar sobre las madres de día y necesitaba conocerlo todo acerca de esta profesión.

Un email que cambió mi vida

No encontré mucha información, pero de repente di con una dirección genérica de correo electrónico de la Red, y, como tenía tiempo, decidí escribir y hablarles de mi inquietud.

¡Qué pena no conservarlo! Porque sin duda ahora sé que es de los pocos correos que me han cambiado la vida. Por suerte, no me respondió el típico mensaje automático, sino que lo hizo una persona, la entonces presidenta, Carolina V., a quien hoy en día le sigo guardando respeto y cariño por su generosidad.

Su respuesta no fue fácil de digerir. Por todo lo que me hizo saber, yo estaba aún muy lejos de poder hacer realidad mi sueño de cambio de vida y trabajo.

Una visita que me abrió los ojos

A pesar de su sinceridad, se mostró cercana y empática conmigo y, sin conocerme de nada, me invitó a ver in situ su iniciativa a las afueras de Madrid.

A los pocos días, aprovechando una libranza, le pedí permiso para poder acompañarla en una jornada invernal con sus niños. Recuerdo que me dijo: «Yo siempre trabajo con tres; para mí es lo ideal». Se me debió de quedar muy grabada aquella frase, porque normalmente yo también escojo trabajar normalmente con un grupo de tres.

Observé de cerca cuál era su actitud con los niños.  100% pedagogía Waldorf. Tejía en silencio, mientras les dejaba todo el salón para que ellos jugaran libremente con los materiales dispuestos en un mueble bajito. Me impresionó el ambiente preparado y de calma que reinaba en ese lugar.

Muestra de apego seguro

Parecía como que envolvía a los niños y niñas, que se mostraban seguros en ese espacio. Ni siquiera mi presencia extraña les inquietaba y seguían a lo suyo en una clara demostración de apego seguro con su persona de referencia.

Más tarde, les ayudó a ataviarse con la ropa de lluvia para salir a un jardín exterior de su casa.

Dentro, apenas hablamos. No podíamos romper ese ambiente de paz. Aunque sí lo hicimos una vez fuera. Muy sincera en todo momento conmigo me hizo ver que el camino no iba a ser ni fácil ni rápido, sobre todo por el punto de partida en el que me encontraba.

«¿Periodista? ¿y dices que quieres ser madre de día?»

Pero sí. Si algo me caracteriza es mi tenacidad. Y yo tenía como objetivo dejar mi vida anterior y comenzar una nueva. Y aunque sabía que me encontraría un camino pedregoso, curvado y difícil, en el que ni siquiera la gente que más quería lograría entenderlo, sabía que, con esfuerzo, podría lograrlo.

Y empecé por lo más complicado: partir de cero, comenzar a estudiar el Técnico Superior de Educación Infantil a distancia, al tiempo que seguía con mi trabajo en un medio de comunicación, y soñar con que algún día nacería un proyecto que sería algo mío, propio.

Las prácticas en escuela infantil…

Quizás lo más duro para mí fue el paso inevitable por las prácticas en una escuela infantil. Aunque adoraba estar rodeada de peques, me di cuenta de lo duro que es tener que trabajar quemada. Y no era yo la quemada. Al contrario, era la motivada. Quemada estaba en mi trabajo anterior, pero por supuesto no trabajaba con niños.

Y en esos meses me di cuenta de que mi objetivo era cumplir el trámite y comenzar a prepararme a fondo para ser madre de día. Recuerdo que cogí cariño a un par de educadoras, aunque con la mayoría no empaticé. Vi cosas que simplemente no me gustaron y entiendo que para algunas de ellas no era cómodo que yo estuviera allí.

El momento de la foto en la actividad, aunque no durase más allá de 10 minutos de caos, era lo principal.

Y fui testigo de ver a algún peque no parar de llorar durante prácticamente la totalidad de la jornada que se pasaba allí. Fue duro. No lo voy a negar. Y nunca podría trabajar en una escuela infantil. O, bueno, para ser más justa, hablaré de lo vivido. No en la que estuve haciendo prácticas.

…Y la formación necesaria

Pero cuando ya pasé todo eso, que obviamente era un trámite y siempre saqué todo lo positivo que me enseñó la formación, comencé a empaparme de la figura de la madre de día y me apunté a alguna charla universitaria de Inés Gámez, que sin duda me parece el referente número uno de nuestra profesión.

Ella fue la que importó desde Berlín a España la figura de la madre de día y desde entonces no ha cesado de difundir con entusiasmo su vocación.

Buscándome mucho la vida, conseguí contactar con la Red y hacer una formación inicial, prepararme todos los cursos necesarios para ir cumpliendo todos los requisitos que se me exigían y recopilando la documentación necesaria por mi cuenta y como buenamente pude para hacer realidad mi proyecto.

Lo más bonito, la semana de prácticas que me regaló Maribel en su preciosa casita del centro de Madrid. De ella aprendí muchísimo. Cada segundo de observación era oro. Así lo viví.

La elección del nombre

Y mientras hacía todo este trabajo , mis hijas me ayudaban a preparar mi espacio y a decidir sobre el nombre.

¿Y por qué no La Casita de Pez Austral? Al fin y al cabo define lo que hay en su interior: una bonita constelación de seres conectados entre sí que, además, coincide con el nombre de la calle donde se ubica, el cual, simplemente, me encanta.

Y ellas mismas me dibujaron un logo que es el que utilizo. Y me ayudaron tantísimo a ponerme en marcha, que cuando me quise dar cuenta ya era una realidad que podía comenzar a recibir familias.

regulación madres de día

Y mi primera familia, el verdadero nacimiento del proyecto

Y por supuesto no olvidaré jamás a esa primera que confió en mí. La familia del pequeño D. Ellos sabían que era mi primer niño y toda mi historia detrás del proyecto y no dudaron de que sería la persona perfecta para su hijo.

Tan solo un mes después llegó el pequeño E. Otro niño al que adoro y sigo viendo en ocasiones, aunque ya no viven en Madrid. Y, a través de ellos, llegó Á., con quien llevo ya tres maravillosos cursos, y el boca a boca hizo que siguieran llamando familias y viniendo niños y niñas…

Y yo, aprendiendo día a día con ellos y encontrando ahora un lugar con compañeras maravillosas de la Asociación de Madres de Día de Madrid, con quienes comparto inquietudes, profesión y muchas ganas de hacer de esta profesión algo importante.

Bueno, tan importante, que hasta Pedro Almodóvar se interesó por la misma y el destino quiso que fuera en mi proyecto donde le convenciera de que debía incluir a una madre de día en Madres Paralelas.

Y vino mi segundo gran proyecto: mi curso online

Ha llovido mucho, sí. Porque desde esas navidades de 2016, además de un proyecto hecho realidad, he conseguido no abandonar mi vocación de escribir gracias a mi web www.comosermadrededia.com, donde soy feliz ayudando y formando con mi curso online a futuras madres de día, que como yo, empezaron soñando que un cambio de vida era posible.

Y cada vez que recibo una muestra de agradecimiento del tipo: “cómo me alegro de haber dado contigo”, “me está encantando tu curso”, “gracias por poner el camino tan fácil” estoy feliz de haber encontrado el verdadero sentido a mi vida.

¿Quieres contarme en qué punto está tu proyecto? ¿te gustaría que te ayudara? Yo soy esa persona al otro lado del email que te escuchará y empatizará contigo. Porque si algo me ha enseñado la vida es a dar todo lo que a mí me habría gustado que me hubieran dado.

Puedes dejarme un comentario en este post, escribirme a info@comosermadrededia.com o simplemente dejarme algún mensaje en mis rrss. Si algo soy además de tenaz, es cercana.

Y recuerda.

Si quieres, puedes.

Gracias por estar ahí 😉

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Arancha Cuéllar

Periodista, educadora infantil y madre de día en La Casita de Pez Austral. Firme defensora del acompañamiento respetuoso a la primera infancia.

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