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Una madre de día cuida al bebé… y a su familia

Nido la casita de pez austral

Las madres de día somos una opción flexible y debemos empatizar con las familias y sus circunstancias

Su boca a boca impulsará nuestro crecimiento

Siempre he dicho que las familias que confían en ti como madre de día son como un tesoro que tenemos que saber cuidar. No solo porque están dejando en nuestras manos a su ser más querido, y ya solo por eso merecen todo nuestro respeto, sino también porque, gracias a ellas, y a lo que luego ellas vayan difundiendo sobre su experiencia con nosotras, va a ser determinante para el crecimiento de nuestra profesión.

Pues sabemos que, de momento, no podemos contar con las instituciones para crecer. Y desde luego, tampoco podemos contar con el apoyo de otras opciones que consideran a las madres de día «competencia desleal». Esta afirmación no solo es injusta, sino que es falsa, al menos en las comunidades como Madrid donde sí estamos autorizadas y reguladas por la Consejería de Familia y Políticas Sociales.

Los contratiempos pueden surgir en mitad de curso

Pero a lo que iba, que me voy por las ramas. Cuidar a nuestras familias y a sus bebés debería ser nuestra principal y única preocupación, pues son ellas las que sin duda nos están impulsando y seguirán haciéndolo.

Y hay que cuidarlas entendiendo sus circunstancias. Todos somos humanos y nos pueden surgir contratiempos a lo largo de un curso. Contratiempos que nos obliguen a abandonar el proyecto: un traslado de ciudad, una pérdida de empleo… Y para eso tenemos un contrato privado en el que damos 1 mes de preaviso (hay compañeras que dan 2 o más), entendiendo que somos una opción flexible y que si nos quedamos colgadas en mitad del curso hay una capacidad de reacción para abrir las puertas a nuevas familias.

Mi experiencia reciente

¿Y a qué viene todo esto? Os contaré mi experiencia con una familia muy especial, que se despidió el pasado viernes de La Casita de Pez Austral. ¿El motivo? Me avisaron hace un mes (lo que tengo establecido en mi contrato) de que se mudaban a vivir a un municipio de Madrid, a 50 kilómetros, porque ya les vencía el contrato de alquiler y necesitaban un cambio total de vida. Me consta que su decisión ha sido muy dura y muy meditada, pues también sacaron al peque mayor de su cole, con el que estaban felices, y todo porque sus circunstancias, como las de todo el mundo, han cambiado con la Covid-19.

¿Ha sido duro y triste para mí? Exactamente igual que para ellos. Yo acogí a su peque con 5 meses y se marcha con 2 añitos cumplidos. No hemos podido completar el ciclo porque de repente su vida ha dado un giro y han tenido que marcharse antes de tiempo. Han sido muchos días junto a mi peque, muchos abrazos, muchos lloros, muchas alegrías, mucho vivido con él.

El pequeño E., durante el parque.

 

Y en mi corazón me llevo estas palabras 

Son de su madre, entre lágrimas, en el momento de la despedida. Fue emocionante.

«Gracias, Arancha. Has sido mi sostén todo este tiempo».

«Has cuidado de mi hijo como si fueras su madre y de verdad que no eres consciente de lo importante que has sido para él y para nosotros como familia».

«Necesito seguir trayéndotelo de vez en cuando para que os veáis, pues te vamos a echar de menos».

«He ganado una amiga contigo».

GRACIAS, familia. Yo también me llevo unos amigos con vosotros y, por supuesto, una experiencia increíble con vuestro hijo.

La importancia del boca a boca

¿Sabéis todo lo que significa esto para mí? Que he hecho bien mi trabajo. Que he entendido las circunstancias de esta familia y he empatizado con ella. Que no se me ocurre enfadarme por quedarme colgada en mitad del curso, porque para eso ofrezco esta opción flexible. Si fuera un siete tan terrible, habría puesto 2 ó 3 meses de preaviso, pues los contratos, como digo, los hacemos nosotras según nos convenga y son válidos siempre que las familias acepten nuestras cláusulas.

¿Pero sabéis? Esta familia, que tanto me ha dado a mí también solo por confiar en mí para su peque, me ha regalado otra familia maravillosa que no necesitó más que sus referencias para traerme a su peque. Y, además, en noviembre vendrá al nido otra pequeña también gracias a la misma familia, que os aseguro se ha encargado de hacer difusión sobre mi nido porque así lo ha sentido. Eso es el boca a boca.

Sembrar, recoger y, por supuesto, paciencia

Creedme, esta profesión es de sembrar y recoger. Y yo creo que desde hace tiempo estoy recogiendo lo sembrado. ¡Y me hace feliz!

Y si aún no tenéis familias, no os preocupéis, que todo llegará. Pero recordad. Con paciencia. Pues la paciencia es fundamental para todo el mundo, pero para una madre de día forma parte de su ADN. En todos los sentidos.

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Arancha Cuéllar

Periodista, educadora infantil y madre de día en La Casita de Pez Austral. Firme defensora del acompañamiento respetuoso a la primera infancia.

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